Este año, el Congreso Nacional de Nefrología nos lleva hasta Murcia y, ya que estamos por allí, hay un lugar que merece una pequeña escapada: el Mar Menor.
Empecemos por aclarar el nombre, porque tiene truco. El Mar Menor es en realidad la mayor laguna salada de España y una de las más grandes de Europa, con unos 135 km² de superficie. Y, como si tener un “mar” que no es un mar no fuera suficiente, justo al lado está el Mediterráneo.
Entre ambos se encuentra La Manga, una estrecha lengua de arena de unos 22 kilómetros que hace de frontera natural. A un lado, el Mediterráneo; al otro, el Mar Menor. Y sí, hay lugares en los que prácticamente puedes elegir en qué agua quieres darte un baño.
Otra de sus peculiaridades está en la profundidad. Mientras el Mediterráneo se pierde mar adentro, el Mar Menor es casi un plato: su profundidad máxima ronda los siete metros. Sus aguas se comunican con el Mediterráneo a través de unos canales llamados golas, que permiten el intercambio de agua entre ambos.
¿Una curiosidad? Si miras hacia el interior de la laguna verás que tampoco está completamente vacía. En ella emergen cinco islas de origen volcánico, entre las que destaca la isla Mayor o del Barón, la más grande de todas.
Y claro, un lugar tan especial también necesita ciertos mimos. Sus aguas poco profundas y saladas han dado lugar a un ecosistema muy particular, hogar de numerosas especies de flora y fauna. Ese equilibrio, precisamente por ser tan singular, también es delicado y sensible a los cambios. Por eso, disfrutar del Mar Menor también pasa por conocerlo, respetarlo y entender por qué conservar este rincón único es tarea de todos.
Así que, entre ponencia y ponencia, puede ser un buen momento para acercarse y comprobarlo en persona. Un mar que no es un mar, cinco islas volcánicas y a apenas unos metros de lengua, el otro, el de Serrat, el santo y seña de la identidad de media España.
Lo dicho: de “menor”, más bien poco.
¿Tú ya conocías el secreto de su nombre?